Una vez más, vuelvo a escribir acá porque es en el único lugar que puedo llegar a descargarme. Mi intención no es que todos lo lean, ni nada por el estilo, solamente, sacarme la mochila de encima, por un rato. Pienso, pienso, no paro de pensar, la cabeza me maquina a mil. No puedo entender las cosas, no me cierran, no entro en razón. Quiero convencerme de cosas que no son pero no puedo, quiero pensar que ellas tienen toda la razón, pedirles perdón por TODO y no sólo por una cosa y que todo vuelva a ser como antes. No puedo, porque aunque esté perdiendo a mis hermanas, yo sigo convencida en que no estuvo tan mal todo lo que hice, no me arrepiento de todo y que no tengo la culpa de, absolutamente, todo. Hubiese preferido tener la culpa en todo y así sería todo más fácil. En cambio, ahora, es todo muy complicado.
Perdí a mis hermanas, lo que más amaba y lo único que tenía por una estupidez. Perdí la confianza que gané durante 3 años, en un acto pelotudo. Una estupidez, una cosa de adolescentes, algo que, últimamente, está muy metido en la sociedad; una cosa que probé, me gustó y quise seguir. Nunca les quise contar nada por miedo a que me dejaran de hablar y decidí hacerlo todo ‘en secreto’, de manera que ninguna supiera y se enojara conmigo. Pero las cosas salieron mal, no sé cómo, pero salieron mal. Se enteraron, se enojaron y, más, porque no fui yo la persona que se los contó. Prometí, juré y no pude cumplir, en una ocasión. Hice lo que quise, me sentí bien porque ahí encontré algo que podía hacerme olvidar de todo lo que me pasaba, me llevaba a otro lugar y, ahí, me gustaba estar. Se me fue de las manos y, acá están las consecuencias. Es por eso y por ellas que hoy estoy como estoy.
Las extraño, no lo puedo negar. Extraño pasar momentos con ustedes, extraño que me escuchen, me aconsejen, me ayuden. Hace, exactamente, 10 días que no nos hablamos y esto me está preocupando. Nuestras peleas duraban días, segundos, no 10 días. Nunca pude estar mal con alguien tanto tiempo, y menos con ustedes. Ustedes que son todo, ustedes que son lo único y lo más importante que tengo, ustedes que son mi vida, son mi familia. Entiendo, juro que entiendo todo. Entiendo que se enojen, que se sientan decepcionadas, que no me quieran hablar, que no me quieran ver ni la punta del dedo, que no me quieran perdonar pero, les juro, que no fue con malas intenciones, se los juro y esto es en serio. Nunca pensé que por ‘ESO’ podía llegar a lastimar a tanta gente y, mucho menos, perderla. Pero ya está, no se puede volver atrás, lo hecho está hecho y ahora hay que ver cómo se pueden arreglar las cosas. Y lo hice, pedí perdón de las cosas que, realmente, estaba arrepentida y aclaré muchas más, pero no alcanzó. No sé por qué, pero NO ALCANZÓ.
Ya ni me conozco, no soy yo. Eugenia es la chica fuerte, la que no llora, la que no está triste, la que no se pone mal por nada, o que quizás sí, pero no lo demuestra. Eugenia no es esta maricona que está ahora apoderándose de mí. Eugenia no llora por nada, Eugenia no es así. ¿Cuándo en la vida necesité de alguien? NUNCA. ¿Cuándo en la vida necesité, más que nunca, un abrazo de ella? NUNCA. ¿Cuándo en la vida lloré tantos días? NUNCA. Parece que estos ‘nunca’ se están convirtiendo en un ‘todos los días’. Siempre fui fuerte y nunca necesité de nadie para poder seguir, pero, hoy más que nunca, necesito de ellas, necesito la esa fuerza que sólo ellas me daban.
Quiero pedir perdón por lastimarlas, dañarlas y hacerlas pasar este mal momento. Espero que algún día puedan perdonarme y entenderme. Entender que tampoco es fácil estar de este lado, que es difícil, que estoy haciendo lo que más puedo y que estoy tratando de ser lo más fuerte que puedo, aunque las fuerzas ya se me están gastando. También, espero que puedan volver a confiar en mí y que, aunque siga hablando con las personas que ustedes no quieren, puedan entender que no voy a volver a fallar y que si les dije que iba a hacer algo, quédense tranquilas, que voy a cumplir con lo que dije. No me quiero mandar más cagadas, bastante cagado está todo. Sólo les pido eso, que me perdonen y que vuelva a ser todo como antes, aunque sé que eso se verá con el tiempo. Pero lo principal y lo que me va a ayudar a poder seguir adelante, es que ustedes me perdonen y confíen, no las voy a defraudar. Aunque sé que es difícil porque ya les fallé, pero prometo que no va a volver a pasar, sólo confíen en mí.
Las amo con la vida entera y nunca nada ni nadie va a ocupar su lugar. Por más que hable, me lleve bien o me junte con otras personas, JAMÁS LAS VOY A CAMBIAR y eso lo tienen que tener en claro.
Perdí a mis hermanas, lo que más amaba y lo único que tenía por una estupidez. Perdí la confianza que gané durante 3 años, en un acto pelotudo. Una estupidez, una cosa de adolescentes, algo que, últimamente, está muy metido en la sociedad; una cosa que probé, me gustó y quise seguir. Nunca les quise contar nada por miedo a que me dejaran de hablar y decidí hacerlo todo ‘en secreto’, de manera que ninguna supiera y se enojara conmigo. Pero las cosas salieron mal, no sé cómo, pero salieron mal. Se enteraron, se enojaron y, más, porque no fui yo la persona que se los contó. Prometí, juré y no pude cumplir, en una ocasión. Hice lo que quise, me sentí bien porque ahí encontré algo que podía hacerme olvidar de todo lo que me pasaba, me llevaba a otro lugar y, ahí, me gustaba estar. Se me fue de las manos y, acá están las consecuencias. Es por eso y por ellas que hoy estoy como estoy.
Las extraño, no lo puedo negar. Extraño pasar momentos con ustedes, extraño que me escuchen, me aconsejen, me ayuden. Hace, exactamente, 10 días que no nos hablamos y esto me está preocupando. Nuestras peleas duraban días, segundos, no 10 días. Nunca pude estar mal con alguien tanto tiempo, y menos con ustedes. Ustedes que son todo, ustedes que son lo único y lo más importante que tengo, ustedes que son mi vida, son mi familia. Entiendo, juro que entiendo todo. Entiendo que se enojen, que se sientan decepcionadas, que no me quieran hablar, que no me quieran ver ni la punta del dedo, que no me quieran perdonar pero, les juro, que no fue con malas intenciones, se los juro y esto es en serio. Nunca pensé que por ‘ESO’ podía llegar a lastimar a tanta gente y, mucho menos, perderla. Pero ya está, no se puede volver atrás, lo hecho está hecho y ahora hay que ver cómo se pueden arreglar las cosas. Y lo hice, pedí perdón de las cosas que, realmente, estaba arrepentida y aclaré muchas más, pero no alcanzó. No sé por qué, pero NO ALCANZÓ.
Ya ni me conozco, no soy yo. Eugenia es la chica fuerte, la que no llora, la que no está triste, la que no se pone mal por nada, o que quizás sí, pero no lo demuestra. Eugenia no es esta maricona que está ahora apoderándose de mí. Eugenia no llora por nada, Eugenia no es así. ¿Cuándo en la vida necesité de alguien? NUNCA. ¿Cuándo en la vida necesité, más que nunca, un abrazo de ella? NUNCA. ¿Cuándo en la vida lloré tantos días? NUNCA. Parece que estos ‘nunca’ se están convirtiendo en un ‘todos los días’. Siempre fui fuerte y nunca necesité de nadie para poder seguir, pero, hoy más que nunca, necesito de ellas, necesito la esa fuerza que sólo ellas me daban.
Quiero pedir perdón por lastimarlas, dañarlas y hacerlas pasar este mal momento. Espero que algún día puedan perdonarme y entenderme. Entender que tampoco es fácil estar de este lado, que es difícil, que estoy haciendo lo que más puedo y que estoy tratando de ser lo más fuerte que puedo, aunque las fuerzas ya se me están gastando. También, espero que puedan volver a confiar en mí y que, aunque siga hablando con las personas que ustedes no quieren, puedan entender que no voy a volver a fallar y que si les dije que iba a hacer algo, quédense tranquilas, que voy a cumplir con lo que dije. No me quiero mandar más cagadas, bastante cagado está todo. Sólo les pido eso, que me perdonen y que vuelva a ser todo como antes, aunque sé que eso se verá con el tiempo. Pero lo principal y lo que me va a ayudar a poder seguir adelante, es que ustedes me perdonen y confíen, no las voy a defraudar. Aunque sé que es difícil porque ya les fallé, pero prometo que no va a volver a pasar, sólo confíen en mí.
Las amo con la vida entera y nunca nada ni nadie va a ocupar su lugar. Por más que hable, me lleve bien o me junte con otras personas, JAMÁS LAS VOY A CAMBIAR y eso lo tienen que tener en claro.