Siempre relojeando al cielo desde el suelo y no arriba. Sin saber, si creer. Si esta elección de vida, valdría mi fe. Si este tren sólo de ida me daría un lugar y el corazón me aturdía con eso de que las paredes y el techo se van si hay libertad. Y ese drogadicto alarido, cuando se quiebran todos los sentidos con una canción, fue el que jugó todo el tiempo en mi mente como abogado y liberó para siempre esta ciega razón de vivir, de tratar de lograr ser la revancha de todos aquellos que la pelearon al lado, de cerca o muy lejos y no pudieron reír sin llorar.  Ahí caes en la cuenta de que lo que cuenta es lo que se siente en la calle, en la gente y no en los inventos de estos incoherentes para no dejarte llegar. Y ese estruendo casi divino cuando se quiebran todos los sentidos con un Rocanrol